Quiero dedicar unas líneas a una serie de empresarios que forman una de las estirpes más éticas y respetables de España: las familias Colonques y Soriano, principales accionistas del Grupo Porcelanosa.

Habiendo tenido la fortuna de trabajar para Porcelanosa los últimos tres años y medio no tengo palabras suficientes para describir el buen hacer y la corrección con la que los accionistas gobiernan la empresa. En un mundo en el que los empleados son tratados como meros números, los accionistas de Porcelanosa tratan a sus empleados como personas. Prácticamente todos los empleados del Grupo (más de 4.900) tienen acceso directo a los accionistas y al revés: los accionistas conocen los nombres del empleado y su situación personal. Eso hace de Porcelanosa una empresa muy especial, y dice mucho del mimo y la atención que los accionistas ponen en cuidar a su plantilla.

No obstante, el buen hacer de los accionistas de Porcelanosa no acaba aquí. Porcelanosa fomenta el desarrollo del parque empresarial de Castellón comprando la mayor parte de sus materiales a proveedores locales sin reparar en los costes. El crecimiento continuo de Porcelanosa ha supuesto el crecimiento de muchos otros negocios ubicados en el mismo área. A día de hoy, Porcelanosa no compra en países subdesarrollados.

Los fichas técnicas de producto de Porcelanosa son extremadamente rigurosas y honestas, incluso cuando ello puede cerrar puertas para algunos mercados. Mucho antes de que “ser verde” estuviera de moda, Porcelanosa ya tenía una certificación ISO 14001, cuatro plantas purificadoras de agua, mecanismos para reciclar la energía eléctrica, etc.

La continuidad del buen hacer de Porcelanosa está también asegurada con las nuevas generaciones. Quiero dar las gracias a Manolo y Héctor Colonques, Silvestre y María José, Manolo, María, Cristina, Josep María y Héctor por toda la confianza que han depositado en mí los últimos años. Aquí tienen un amigo.