No se puede negar la evidencia de
que la técnica crece a pasos agigantados y todo indica que
lo va a seguir haciendo. Esto ha hecho posible que la sociedad
actual poco tenga que ver con la de hace apenas 20 años,
cuando era absolutamente impensable que pudieras ver a tu colega
que está en Cancún en directo a través de
la pantalla de un ordenador. Hoy es posible. Tampoco se imaginaban
nuestros antepasados que se podían quitar los centímetros
que nos sobran en la cadera tan sólo con acostarse en una
camilla y esperar. Y si, posiblemente la tecnología hace “nuestra
vida más cómoda” como dice el anuncio de Balay,
la hace más fácil. Pero no estoy de acuerdo con los
que dicen que nos hace más felices.
Sé que es un argumento poco original pero no les falta razón
a los apocalípticos de la sociedad informatizada cuando
dicen que unos cuantos años atrás no había
teléfonos móviles, ni ordenadores, ni lavavajillas,
ni cámaras digitales, ni...y la gente era tan feliz como
ahora podemos llegar a serlo. Yo me atrevería a decir que
incluso más.
La rápida carrera tecnológica obliga a todos y cada
miembro de la sociedad a manejar cada uno de los nuevos inventos,
a entenderlos y, con el tiempo, a adquirirlos. Es necesario porque
sino te quedas atrás y esa sensación de quedarse
rezagado, de sentirse inútil,...crea un estrés que
no todos pueden soportar. Te compras un ordenador (quieras o no,
no te queda más remedio) y cuando aprendes a utilizarlo
y más o menos lo controlas, se ha quedado antiguo, sus programas,
su disco duro,...se ha quedado atrás y tu con él.
La felicidad es un término del que también se ha
hablado mucho y desde hace muchísimos años (Aristóteles
ya se esforzaba por encontrar verdades al respecto) y no es nada
fácil de definir, supongo que cada opinión al respecto
es válida. Cada persona está capacitada para decir
lo que le hace sentir bien consigo mismo y sentirse feliz. Yo personalmente,
y no es más que una opinión, creo que la felicidad
se siente en ese momento en el que no se echa nada de menos, esa
sensación de que no se puede pedir más y no creo
que la tecnología pueda, al menos de momento, sustituir
un abrazo, o una mano en el hombro cuando crees que no vas a poder
con todo.
Los humanos somos felices cuando nos reunimos con la familia y
amigos, cuando se nos reconoce un esfuerzo realizado, cuando sientes
que de verdad tu amigo te entiende, cuando después de un
mal día alguien te pregunta cómo estas, cuando llega
uno más a la familia, cuando alguien que nos importa mucho
nos dice que nos quiere y que nos ha echado de menos,...estas cosas
nos hacen felices, ahí radica el bienestar y ninguna de
estas pequeñas grandes cosas depende de la tecnología.
Puedo aceptar que chatear te permite conocer gente quizás
muy interesante que jamás conocerías sino fuese por
la red o que te hace compañía cuando no hay nadie
en casa y no sabes con quién hablar, pero aún así,
estos métodos no pueden sustituir al calor humano de tener
una persona delante. Ver su expresión directamente o su
sonrisa cuando algo le hace gracia. No pueden darte un abrazo ni
pueden dormir contigo.
Estas cosas me llevan a la conclusión de que los avances
tecnológicos son importantes y que tenemos mucho que agradecer
a todas esas personas que se pasan años investigando para
que todo sea más cómodo, rápido y eficaz.
Pero lo que en realidad somos y buscamos cada uno de nosotros depende
de cosas mucho más sencillas que no han cambiado tanto a
lo largo de la historia. De nada sirve tener un teléfono
móvil que haga fotografías si no tienes a quien recordar
mientras las miras.